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A Long Way Gone: Memoirs of a Boy Soldier

Claudio abril 9 , 2012 0
A Long Way Gone: Memoirs of a Boy Soldier

Un largo camino: Memorias de un niño soldado es una historia real sobre la vida de Ishmael Beah durante sus días como combatiente de guerra en Sierra Leona.

El libro es un relato apasionante y fascinante que traslada al lector al terreno de la solidaridad y sensibilidad humana. También permite reflexionar acerca del rol de uno mismo como ciudadano del mundo. Cada uno de nosotros, sin querer y aún sin comprenderlo, puede convertirse en patrocinador de la violencia. No necesitas ser una persona poderosa e influyente. Incluso, con el simple hecho de comprar un anillo de bodas puedes hacer la diferencia sobre la vida o la muerte de otro ser humano.

Creo que para los que vivimos en Occidente, la historia de Ishmael es un instrumento que permite reconsiderar nuestro estilo de vida. Aunque parezca increíble para algunos, la globalización nos está empoderando a tales niveles que nuestras decisiones pueden afectar positiva o negativamente a individuos que se encuentran a miles de kilómetros de distancia de nuestros hogares y a quienes, tal vez, nunca llegaremos a conocer.

De cierta forma, el relato es también un llamado de atención para recordar que no estamos solos y que, a veces, el éxito y felicidad de unos pueden representar la desdicha y marginación de otros. Y en cuanto a este punto concreto, el libro es tajantemente una exigencia moral para detener el negocio de la guerra. Un negocio que se mantiene, en parte, gracias a los productos y servicios que las sociedades consumen a diario -petróleo, joyas, madera, minerales, armas, etc.

La primera vez que escuche sobre este libro fue en el otoño de 2007 por un amigo de la universidad que lo mencionó en una de nuestras tantas conversaciones sobre temas de actualidad internacional. Sin embargo, no le dí mayor importancia y me olvidé del libro.

La segunda vez que escuche de A Long Way Gone fue en el cafetín del Museo de la Cruz y la Media Luna Roja Internacional en Ginebra. Para ese entonces, un grupo de estudiantes y profesores estábamos analizando el caso de los niños soldados y Jennifer Giddings -una amiga que había trabajado para Naciones Unidas (ONU) en Freetown-, nos recomendó la lectura de este libro y comentó el pasaje donde Ishmael Beah hablaba de una droga que les daban, compuesta por la mezcla entre cocaina y polvora de munición, mejor conocida como brown-brown. Yo pensé en ese momento que definitivamente el libro tenía que ser interesante e inmediatamente fui a la tienda del museo y lo compré.

Reconozco que A Long Way Gone tiene una significación especial para mí ya que lo asocio a memorias de mi propia vida. Luego de haber visto la película Blood Diamond quedé muy interesado en los conflictos armados africanos y me metí de lleno al estudio de la guerra en Sierra Leona. De paso mi vecino del apartamento, Nixon, era camerunés y estaba haciendo su maestría en el Centro de Estudios Africanos; de manera que constantemente debatíamos sobre política africana -por cierto, le presté el libro Globalization: What's New? - el cual recomiendo- y nunca me lo devolvió :(

Pero bueno… volviendo al punto; sin saber exactamente la razón, me dediqué a profundizar mis conocimientos específicos sobre la industria que se había creado entorno al tráfico de diamantes, los mercenarios y el RUF. A tal punto que conocí e hice amistad con algunos de los funcionarios que estaban trabajando Sierra Leona en Naciones Unidas, incluyendo el fiscal del juicio contra Charles Taylor. Y desde luego, esto se convirtió en un incentivo adicional para que asistiera religiosamente a las audiencias de juicio en el Special Court for Sierra Leone.

Recuerdo que la primera vez que vi a Charles Taylor en persona, tuve sentimientos encontrados. Por un lado no me hubiese incomodado que recibiera el peor castigo inhumano posible pero luego sentí cierta compasión y lo percibí como uno más de estos tristes y célebres personajes que en un cuarto de hora lo tienen todo y el resto de sus vidas transitan el camino de la deshonra y humillación.

Estás experiencias sobre el caso de Sierra Leona reconciliaron mis molestias y quejas internas con la ONU. Más allá del debate sobre la justicia reactiva vs. la justicia preventiva -que es básicamente el deseo de que los organismos internacionales actúen antes de que sea muy tarde frente a la postura de intervenir después para reparar los daños (tal y como sucedió en Ruanda y Sierra Leona)-; más allá de ese debate, yo pude palpar con mis propios sentidos que el sistema ONU funciona. Ciertamente la ONU no es perfecta y tiene diversidad de retos claramente visibles (burocracia, nepotismo, etc.) pero en ¿cuál mundo viviríamos sin ella?

Allí está Charles Taylor, tras las rejas y solitario en una fría celda europea. En cuanto a Ishmael, fue rescatado por la UNICEF y reintegrado exitosamente a la sociedad. Tras haber obtenido su titulo universitario en Nueva York, Ishmael creó una fundación, se convirtió en orador, escritor y activista internacional por la defensa de los derechos de los niños. Como él mismo señaló cuando fue designado embajador de la ONU: "Para muchos observadores, un niño que no ha conocido nada más que la guerra, un niño para quien el Kalashnikov representa la única manera de vivir y para quien la selva es su más acogedora comunidad, para muchos observadores este niño está perdido para siempre del camino de la paz y el desarrollo. Yo discrepo de ese punto de vista… Por amor a esos niños es esencial demostrar que otra vida es posible".

Images:  ~mimo~,  Viper12,  kindersoldatensomaliadudumagaleGrupoafricafotos and  United Nations Information Archives.

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